El hombre es un ser que ha habitado en las montañas y que ha sabido convivir con la naturaleza que en ellas hay, creando lazos y recibiendo su gratitud. Por desgracia, muchos de ellos se han situado cerca de la estepa y la llanura construyendo torres de metal. A la vez, muy pocos han mantenido su lugar cerca de la fría cumbre, y cada vez, debido al aumento de la población en la planicie, el poder de la ciudad va desmoronando los pilares de la montaña y escala por llegar a su cenit, para observar desde arriba todo lo que ha creado con sus manos: una desolada infinidad gris.
Asi por ello, el hombre que habita en la fría nieve de la montaña protege y cuida los picos a los que ningún otro se ha atrevido a llegar. Esto se ha debido a miles de años de experiencia en los que ha podido observar la furia de la naturaleza. Gracias a esto, se va adaptando y cambiando segun las peticiones de los espíritus que en ella habitan, obteniendo poderes que otros humanos de la acromática extensión jamás conseguirán.
Y por fortuna, saben ellos que con el paso del hombre avaricioso, el que se fue de la montaña buscando poder, no sobrevivirá a los cambios que exigirá la naturaleza, no como el hombre de la montaña que ha vivido durante siglos con los espíritus, el cual soportará las duras heladas de nieve perdida que se llevan el corazón de todo aquel que haya escuchado los gritos de la ventisca.
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