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11.11.09

Chicas gatunas.

Hijas de la Luna, todas las mujeres de mi vida han sido dotadas de un encanto irresisitible para mis sentidos. Ojos abiertos, claros y con unas pestañas bien oscuras que reflejaban la dama nocturna. Bocas con colmillos afilados y blancos que mordían mis labios sensualmente. Cuerpos delgados conquistados por curvas que jugaban con mi cerebro cual ovillo de lana. Además recuerdo a cada una de ellas. Os las voy a presentar.

La primera, y mi mejor amiga, la cual creía que había pasado a formar parte del cielo, ahora está conmigo día a día y juega en las calles bajas alegrando a la gente, pretendiendo sentir todo el mundo bajo sus patitas. Es simple y es perfecta.
Mi segundo encuentro, y primer amor, me abrió la puerta al mundo. Aprendí la incompatibilidad entre cánidos y felinos pero aún así, me hizo prometer que, incluso bajo su postura, siempre le guardaría un hueco en mi corazón. Se marchó a Inglaterra y me llama a veces.
Quizá de la tercera hable otro día, porque no puedo hablar de ella sin conocer lo que siento cuando me acuerdo de sus ojos verdes. Sólo sé que era un alienígena, además de gato.
La cuarta es una "persona" muy especial. La conozco de apenas hace un año y ya entiende cualquier cosa que digo. Me ha ayudado como la que más en el peor momento de mi vida. Y siempre que podemos, nos hacemos compañía observando la noche.
Por la quinta, husmeando entre habitaciones desconocidas, se reveló una gata muy guapa, graciosa y simpática, a la que me atreví a saludar. Me enamoré de ella y de sus ojos "gazos" y siempre volvemos al punto de partida para darle alegría a la vida. Físicamente no contactamos, pero un día de estos iré al campo a visitarla, que es de donde dice que procede.
A continucación, conocí a la sexta, que era quien necesitaba conocer. No creo que sea de este planeta tampoco, pero a diferencia de la tercera, es el amor con forma felina. Es cariñosa y, con sus ronroneos, ha conseguido conomoverme de tal manera que nadie podría comprender que las cosas nunca volverían a ser igual sí ella se fuera, aunque ahora miramos en diferentes direcciones, pero siempre dándonos la mano.
Y en séptimo lugar, está la primera gatita con ojos oscuros. Independiente, chiquitita y bastante rara, caminamos juntos, aunque sé que no aguantará mucho. Pero no me importa, porque da gusto ver animales así. De todo tiene que haber.

Creo que nadie podrá comprender cuanto amor he sentido yo hacia estos animales. Todos me han inspirado confianza, cariño, locura, afecto, alegría, esperanza, libertad... emociones que me acompañan y que durante la noche, hacen que vuelva a vivirlas y estar enamorado de la vida para así poder ver la Luna como un gato, no como el lobo que soy.

Finalmente, para terminar esta oda, por vosotras, voy a comerme un bocata de atún y un vaso de leche. ¡Buenas noches!

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